mercredi 14 février 2007

Faltas de costumbre

Nunca es tarde para aprender, pero suele ser más dfícil aprender tarde. A nadar por ejemplo. No sé que interpretación se le pueda dar a este hecho, pero casi todos los hombres con los que me he vinculado, digamos, románticamente, no sabían nadar. Mi actual esposo incluido. A uno de ellos intenté ensenharle, con resultados no solo desalentadores sino también, y sobre todo, agotadores. No es lo mismo pues ayudar a flotar a una criatura mientras le repites que patelee y respire que hacer lo propio con un camarógrafo fisicoculturista. No pasamos del estilo perrito, y esto fuera del agua.
Bueno, cocinar y manejar también deberían figurar en la lista de cosas que algún adulto responsable debe ensenharte antes de que tus reflejos se vuelvan lerdos y tus prejuicios se fosilicen. Ahora, pasados unos veinte anhos de la que debería ser la edad reglamentaria para enfrentarse por primera vez a una receta, comprendolo que debe sentir mi vieja cuando se sienta a escribirme un mail. Entiendo además por qué lo hace tan esporádicamente y por qué prefiere seguir mandándome encomiendas que demoran un siglo en llegar; si yo pudiera escoger también pediría comida por delivery todos los días. Y con el auto, pues parecido. El riesgo ya no es divertido cuando los danhos y perjuicios se cargan a tu cuenta.
Pero acabo de descubrirme un handicap que no puedo achacarle a mis viejos, los pobres. Caminar bajo la lluvia o, más bien, desorientarse ante casi cualquier fenómeno climático debe ser algo inherente a la limenhidad, de hecho espero que lo sea para sentirme más acompanhada. Primero, hay que acostumbrarse a prestar atención a lo que anuncia el senhor del tiempo que aparece en la tele todos los días a las ocho de la noche. Luego, hay que desarrollar el reflejo de sacar el paraguas cuando sales a la calle y, acto seguido, encontrarle un espacio entre tu cartera, tus bolsas de compras y tu mapa de la ciudad. Si eres principiante, olvídate de combinar el color o el estampado con tu look, aprende primero a escoger un modelo que no se doble hacia arriba al primer ventarrón y que se abra sin representar una amenaza para los transeúntes.
Todavía recuerdo el mal humor de Ian -el impaciente inglés- mientras él avanzaba como gacela (en su espantosa Birmingham llueve 340 días al anho) bajo un chubasco en Bruselas, mientras yo no atinaba a poner un pie delante del otro porque la lluvia me empanhaba la visión, mis tacos se resbalaban y me volvía más torpe a cada gota.
Varios anhos después, la lluvia ha vuelto a complicarme la vida. Mi paraguas se fue al diablo esta semana. Antes de salir, Magtán me recordó que lo lleve y me advirtió que el mango era quizá demasiado largo. Yo escogí ese paraguas porque era rojo y me pareció la mejor alternativa para mi impermeable negro y las nubes grises (los otros paraguas del perchero eran definitivamente más monses). Claro que cuando él me dijo que el mango era quizá demasiado largo, se refería en realidad a que, teniendo en cuenta mis proporciones, el artefacto iba a ceder al toque. Pero objetivamente solo me dijo que el mango era quizá demasiado largo. En efecto, la segunda vez que traté de hacer que recupere su forma, en pleno centro de Friburgo, los ganchos cedieron y me quedé con una tela chorreada y un montón de fierros estirados. Sin perder la dignidad, espero, caminé no más, haciendo zigzags absurdos para cobijarme bajo los escasos toldos del bulevar de Perolles y maldiciendo la hora en que no nací en la sierra peruana.
Magtán dice que me lo advirtió, pero eso no es del todo cierto. Y que de todas maneras yo no le iba a hacer caso, lo cual puede ser verdad. Además acá no hay tegemotos amog, agrega como si con eso pudiera conjurar la gripe que me empieza a dar cosquillas en la garganta. Este anho todavía nos tiene reservadas otras tres estaciones, y yo que solo conozco verano con Sol y bloqueador e invierno con neblina y casaquita. Y yo que ya había superado mi pánico a los temblores.

7 commentaires:

OMAR ZEVALLOS a dit…

Pobre Jen, para la próxima lleva una par de piedras en los bolsillos para evitar que el viento te lleve.
Omar

Jen a dit…

pero el problema no soy yo, que ya quisiera estar tan ligerita, sino ese adefesio de apraguas!!

Mila a dit…

No estás sola para nada, amiga. Es más, debes haber tocado
-literalamente- un nervio de todo limeño en el exterior. Yo ya he roto muchos paraguas, me he mojado enterita innumerables veces, me he caído un par (hasta tengo cicatrices para mostrar) y he arrancado bochornosas burlas de mi cónyugue. Lo único que tengo claro
-hasta ahora no logro descifrar, como parecen saber todos, cuándo está por llover- es que paraguas Made in China nunca más.

Fiore a dit…

Yo opte por lo sano desde el principio... llevo el paraguas, dia y noche, en carteras, carteritas, bolsillos, bolsitas, etc...he llegado a tal punto de trauma "mojada como un pollito" que lo llevo hasta de vacaciones...En Barcelona apenas empezaron las primeras gotas de lluvia, lo saque y abri en 10 segundos... y 10 seg mas tarde, el chaparron habia pasado...un papelon!! Todos asumieron que era una loquita...si pues!

Jen a dit…

mila, y encima ha habido tegemoto en portugal no?

Mila a dit…

Estos tegemotos sólo los sienten los pegos. Terremotos, los de mi Lima. Te acuerdas, querida?

Jen a dit…

claro!!! sobre todo los que nos agarrron en el lúgubre sétimo piso de Miróquesada 285 (ese noe ra el númro creo)