lundi 8 janvier 2007

Aquella mujercita


No sé si se acuerdan de la colección de libros Ariel, una que venía con dibujos y traía clásicos de la literatura y otros no tan clásicos, como Heidi. De esto, hace más de 25 anhos, advierto. Bueno, la cosa es que yo siempre lloraba cada vez que releía (por qué lo releía??? qué enfermita) la parte en que la tía mala gente deja a Heidi con su abuelo, cuando luego vuelve esta desgraciada para llevarse a Heidi a Franckfurt y luego cuando Heidi y el abuelo se reencuentran. Pero felizmente no todo era sufrimiento, las cabritas de Pedro, el queso del abuelo y los volantines en la montanha me parecían el summun de la felicidad. Y el papá de la tullidita se me hacía casi perfecto, salvo porque casi nunca estaba para impedir las maldades de la institutriz que no dejaba que Heidi guardara pan fresco para su abuelo.
En fin, hasta hoy no me había dado mayor cuenta de que me he mudado a la tierra de Heidi, y más precisamente de su autora Johanna Spyri (Zürich, 1827-1901). Pero esta tarde, entre las cosas que Magtán recoge en su chamba para coleccionar o vender por internet, de pronto apareció este libro con dos cabritas en la portada. A su costado, una púber bien chaposita. El título: Heidi Grandit, o sea Heidi creció.
Traducida a cuarenta idiomas y adaptada reiteradamente para el cine, la historia de la pastorcita concebida por Spyri fue publicada por primera vez en 1880, en alemán. Luego, la autora agregó sus propias secuelas, pero el éxito fue tal que tras su muerte se siguieron publicando adaptaciones, como esta que tengo en mis manos.
No, no hay manera de que me sople nuevamente las aventuras de esta Heidi quinceanhera, pero he mirado los dibujitos y están los mismos personajes de antanho (hace rato que quería usar esta palabra), incluidas las cabras Blanchette y Brunette (la blanquita y la morochita, o sea). Heidi está por aceptar la invitación de Clara para irse a pasar una temporada a un instituto de senhoritas en el lago Leman, acá por Ginebra creo, y en las últimas páginas se menciona con sospechosa reiteración a un tal Thony. El abuelo, muy bien felizmente.

P.d: Me acabo de acordar de que también releía morbosamente La cabanha del Tío Tom y Corazón, de los Apeninos a los Andes. Es más, estoy casi convencida de que abría cada libro en la parte en que separan a la esclava de su hijito y en que matan al soldadito italiano en la guerra, respectivamente o sea. Y luego me preguntan por qué soy tan fan de la terapia.

3 commentaires:

Mil Orillas a dit…

Hay un escritor español, Eloy Tizon, que tiene un cuento de la Heidi contemporánea y adulta...creo que te encantaría!!

Jen a dit…

suena interesante, pero si no anda de novia con Clara me sentiría decepcionada.

Patricia a dit…

Chatita, y Mi planta de naranja lima no lo leías hasta que no te quedaran lágrimas? Con decirte que yo no me acuerdo del argumento, solo de la pena..

Traqnuila, no eras la única masoquista